El pasado miércoles tuve el placer de tener en mi casa a dos gemelas, de 4 años, a las que hice una sesión muy divertida.

Hacer fotos a niñ@s no siempre es fácil, de hecho suele ser bastante complicado porque hay ocasiones en que no entienden por qué tienen que estar quiet@s, sonreír sin ganas o mirar a la cámara. «Yo no quiero hacerme fotos» decía una de ellas. Lo bonito es ver cómo van cediendo, de una forma natural y divertida y cómo el fotógrafo tiene que ingeniárselas para hacer que para ell@s sea un juego.

Al final de la sesión, aunque ya estaban cansadas y con ganas de terminar, conseguimos conectar de una forma mucho más orgánica y sacar un buen puñado de buenas fotos. Aquí, por petición de los padres no voy a publicar ninguna fotografía en que se vean sus caras pero lo bonito de ser fotógrafo es que en muchas ocasiones no es necesario mostrar la cara de una persona para demostrar todo su encanto.

Gracias a los padres por su paciencia y comprensión.